ASAMBLEAS
Y VANGUARDIAS BUROCRÁTICO RENOVADORAS / REVOLUCIONARIAS
(Las
Asambleas a Debate)
Primera
Entrega
Inicio
este grupo de artículos como aportaciones al debate que espero que comience un
colectivo político sobre cómo dotarse de una dinámica de asambleas que superen
la manipulación que actualmente sufren por parte de las “Vanguardias
Burocrático –Renovadoras / Revolucionarias”, en nuestro caso.
Las
asambleas se han «consagrado» como dinámica por la cual se cubren todos los objetivos
de una organización o de un grupo más o menos estructurado. Son el culmen de «un
proceso democrático», a partir del principio de igualdad, de un una persona una
voz o, lo que es más importante, quizás a lo que todo se resume, un voto. Sin
embargo, adjetivos como: «participativas», «representativas», «consensuales»,
etc. no han escapado del refrán: “quien hice la ley hace la trampa”. Las
asambleas cada vez son más silenciadoras de la diversidad, reducen a la nada el
debate crítico y abierto entre
posiciones, por un mar de artificios que las hecho degenerar en sucedáneos que
lejos de conducir a la asunción de decisiones llevan a escisiones constantes y a
imponer el número sobre la razón. ¿Alguien debe sorprenderse de que sean objeto
de investigación de la Teoría de juegos?
La
aparición de palabras como “Parresía”, Michel
Foucault (1983) resume el concepto de “parresía”:
“De
manera más precisa, la parresia es una actividad verbal en la cual un hablante
expresa su relación personal a la verdad, y corre peligro porque reconoce que
decir la verdad es un deber para mejorar o ayudar a otras personas (tanto como
a sí mismo). En parresia, el hablante usa su libertad y elige la franqueza en
vez de la persuasión, la verdad en vez de la falsedad o el silencio, el riesgo
de muerte en vez de la vida y la seguridad, la crítica en vez de la adulación y
el deber moral en vez del auto-interés y la apatía moral.”
demuestra, como el mundo idílico de la moral asamblearia ha
dado de nuevo paso al orden de «la persuasión falaz» que se identificaba tradicionalmente
con los “sofistas”. Las asambleas no han escapado en su relación con el “Kratos”
(dios griego de la “fuerza” o el poder”) de sus peores degeneraciones.
¿Si se abandona
el asamblearismo? Las repuestas acostumbradas coinciden en el individualismo
puro: “ante la incapacidad de la colectividad es necesario pasar a la acción egoísta
o salvadora.” En esta última versión: “salvadores o martires por su acción”,
coinciden con el modelo oligárquico de vanguardia revolucionaria tan tópica en
las organizaciones de izquierdas: tanto socialdemócratas como leninistas, se
vistan como se vistan.
“Vanguardias
Burocrático Renovadoras / Revolucionarias”, su calificación como “burocrático”
no implican que sean trabajadores empleados por la organización laboralmente,
sino que define su concepción del trabajo político como espacio donde desarrollar
actividades gerenciales para alcanzar un fin, en las democracias electorales el
máximo número de votos y de representación en las instituciones. Indudablemente
esto se acentúa cuanta mayor sea la egolatría de los cuadros de la Vanguardia,
quienes reciben satisfacciones, quizás no monetarias, pero sí derivadas de la
llamada “erótica del poder” o satisfacciones masoquistas, sádicas o psicóticas,
por ejemplo: “salir en la foto junto a …” o “codearse con …”, “Yo tengo la
razón”, “Se lo qué se debe hacer”, “este es el camino, yo lo sé.”
El lenguaje
es un instrumento de poder fundamental, a través de él se realiza la
interpretación de las relaciones del ser humano con su entorno físico o social.
Por lo tanto, la apropiación de palabras para autocalificar sus actos es una acción habitual de estos grupos oligárquicos
en la izquierda siempre que emprenden nuevas aventuras. La “renovación” siempre
se inicia con un grupo de conocedores de la ruta a seguir, la senda está
trazada. La Asamblea se convierte en una ceremonia no destinada a la creación
resultante del debate, sino al adoctrinamiento sobre los objetivos consabidos
por esta oligarquía, profesionalizada en las organizaciones de masas (recuérdese
a R. Michels (2008), quien resolvía el problema con algo peor el liderazgo
carismático fascista).
Este mal
se piensa que es privativo del asamblearismo político, y que de él se salvan
las ONG’s y los Nuevos Movimientos Sociales, por lo tanto, “trasladando la «forma
de hacer» de ellos la situación queda saldada positivamente la cuenta”. Sin
embargo, leyendo a C. Offe (1996), se puede observar como la naturaleza de las
organizaciones instrumental – finalistas y la naturaleza de las organizaciones
políticas es opuesta. J. Habermas (1984) lo planteaba con meridiana claridad
con su análisis de la lógica burocrática weberiana, a la cual le aplica el
concepto de “racionalidad instrumental”: todo está orientado por la lógica
medios - fines, por ejemplo, la recogida de comida, los medio y los marcos
éticos son relativamente restrictivos: conseguirlo por medios legales y realizar un
reparto equitativo atendiendo a las necesidades de los elegidos.
Sin
embargo, la construcción de problemas (H. Arent, (1973) es más compleja cuando
se trata de espacios políticos, en este caso imperaría “la racionalidad
dialógica” habermasiana, si se desea ser organización realmente democrática. Sino
la oligarquía burocrático revolucionaria, como la dirección de una empresa
capitalista, establece sin el más mínimo pudor su imperio de medios – fines instrumental
burocrático: “el objetivo es ganar elecciones, cuando estemos allí ya veremos
lo que podemos conseguir”. Así si es necesario debemos vender a la población
que estamos más cerca del 5 de los espectros políticos, del centro, donde se
sitúan las grandes bolsas de votantes, frente a una congruencia ideológica, en
el 2,5 que es donde se encontraría la izquierda transformadora, según estas
tabulaciones.
Estas
vanguardias de la izquierdas renovadoras y / o revolucionarias, al comienzo
suelen utilizar las asambleas como espacios para el adoctrinamiento, cuando se
ven superadas por el conflicto optan por la diseminación, donde ellas se sitúan
como informadoras únicas y privilegiadas, como “resolvedoras de problemas”, en
palabras de H. Arent ( 1973). Ser “Resolvedor de Problemas” es una posición de
poder estimable a la hora de ejercer dominio oligárquico, desde ella se
construyen los problemas, es decir, se definen los fines, las necesidades, los
obstáculos contextuales y humanos internos y externos, se marca la agenda y los
medios para conseguir los objetivos.
En el
caso de las vanguardias burocrático renovadoras / revolucionarias electorales
transforman la organización de izquierdas en un partido “atrapatodo” (catch-all party), donde lo primero que
se crea es la checa para identificar a lxs enemigxs internxs: marginación,
difamación, exclusión y, finalmente, expulsión. Algo tan viejo como el hilo
negro.
El
problema es: ¿Se puede superar por medio de las asambleas ésta apropiación del
dominio democrático por las “Vanguardias Burocrático Revolucionarias”? Los
retos son la aventura.



















