LA GUERRA DE BANDERAS O EL DESCRÉDITO DEL PENSAMIENTO CONSERVADOR.
Señor director del Diario Ideal:
No hay que ser demasiado viejo para recordar que todos los veranos nos despachábamos con desgraciados episodios de lo que se venía a llamar: «Guerra de Banderas». En los días de las fiestas mayores de las capitales vascongadas los ayuntamientos ponían y quitaban pendones para regocijo e ira de tirios y troyanos. Para nuestra suerte, la de todas y todos, las balconadas vascas no centran nuestra atención en el estío.
Sin embargo, vivimos jornadas de «Guerra de Banderas», la cual no debería dejar de ser una mera anécdota, sino fuese por la relevancia de algunos de los contrincantes. La derecha del bipartidismo institucional debería alarmarse en silencio de las consecuencias que tiene ser el partido omnipresente en ese flanco ideológico. En su seno existen nidos de serpientes. Las chiquilladas filofascistas de numerosas y numerosos miembros y notables de las Nuevas Generaciones del Partido Popular (NG PP) intentan acallarse con un vociferante: “¡Y tú más!”.
Demos el beneficio de la duda, y pensemos que se debe a la ignorancia. Pero es inadmisible si esto se escucha de boca de un señor diputado por Almería de los Populares, como don Rafael Hernando, portavoz adjunto de su grupo parlamentario, quien sin empacho afirma en televisión: "las consecuencias que tuvo la República condujeron a un millón de muertos" y que “exhibir la bandera republicana es inconstitucional”. A un diputado, a un licenciado en Derecho se le debe suponer el conocimiento de una sentencia dictada por la Sección Novena de la Sala de Lo Contencioso Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Madrid en 2003 sobre un tema para él tan candente, la cual entiende como plenamente legal la exhibición pública de la Tricolor.
Asumamos que la desconoce. Pero su atribución a la Segunda República a groso modo de lo acaecido durante la Guerra Civil es carecer de los conocimientos mínimos en historia de España que se le suponen a un bachiller ramplón. Igualar la Dictadura Franquista con un régimen democrático, en el cual ejercieron las funciones de gobierno sus correligionarios entre 1934 y 1936, es inaceptable. Es insultar incluso al ministro Gil Robles, a conservadores como Alcalá Zamora, Miguel Maura, etc.
Las banderas son simples lienzos de tela a los que otorgamos la condición de símbolos llenándoles de contenidos representativos. La bandera de la Segunda República ondeaba en los primeros días de la Guerra en ambos bandos, ¿No lo sabía Usted señor Diputado? Pues algunos sublevados afirmaban que: “deseaban recuperar la legitimidad republicana”. No era una guerra contra la república, sino en contra de “los rojos”. La Tricolor fue un símbolo de un modelo de democracia liberal, incluso en el primer gobierno del Frente Popular integrado solamente por republicanos, del que se excluyeron por prudencia los representantes de los partidos obreristas de izquierdas.
Las Repúblicas Españolas, con la bandera bicolor la Primera y tricolor la Segunda, han sido en la historia de España consecuencia de la degeneración del Antiguo Régimen, del absolutismo, del caciquismo o del golpismo, de las dictaduras y de las dictablandas de signo derechista.
Por favor, háganos un regalo a los demás, laven sus trapos sucios en casa. Cuestiónense por qué ni la democracia - cristiana ni el liberalismo ni el pensamiento conservador thatcherista sacian la sed de sus vástagos. No culpen de pecar a los demás, porque los alevines que su Partido incuba caen en la perdición. No culpen de tales atrocidades a quienes en tiempos de desafección política gritan a favor de mayores espacios para la democracia.
No nos tomen por tontas y tontos.







