CENTROS.
DEL CENTRO A LA CENTRALIDAD (1)
DICCIONARIO PARA PERDEDORES.
DICCIONARIO PARA PERDEDORES.
Existe una diferencia radical entre el concepto “centro” y “centralidad”.
Para empezar por algo irónico, la centralidad se ha desplazado de las tertulias
televisivas rosas y amarillas, a las tertulias televisivas de todólogos de
actualidad, básicamente políticas. Es lógico que se piense, sin embargo, que es
lo mismo, vean la confusión del secretario general del PSOE llamó a Sálvame, en vez de a la Sexta Noche.
El control centro espacial en el tablero de ajedrez
determina el devenir de la partida se dice en las primeras lecciones de este
juego. Sin embargo, ese centro en el damero se hace dinámico según se va
jugando y las piezas menores y mayores determinan distintas estrategias. En ese
caso: ¿el centro de PODEMOS dónde está?
EL
VIEJO CENTRO POLÍTICO.
El centro es donde van la mayor parte de los votos cuando se
habla en clave electoral en las democracias occidentales. Este es un centro
fundado en el eje izquierda y derecha.
Las democracia occidentales, las democracias post 1945, con el estado del
bienestar o social en auge, tienden a construir una identidad en sus habitantes
que los sitúan básicamente como consumidores, toda su relación con lo social
está determinada por su capacidad de consumo. La política de consumo genera un
peculiar habitante, el votante que tiende a no consumir su tiempo en ocuparse
de los asuntos públicos, lo cual lo transforma en una gran bolsa de abstención.
Almond y Verba así defendieron en su famosa Cultura Política:
cuanto mayor es el índice de abstención menor es nivel de conflicto en una
democracia y, por lo tanto, mejor se cumplen los designios que nos llevan a la “gobernanza”
que está tan de actualidad incluso entre académicos de medio pelo de las
izquierdas. A mí la “Gobernanza”, como a J C Monedero, me parece algo muy viejo, la
llamo «el gobierno de los gestores o de los burócratas», «el gobierno de los
mandarines chinos», (los franceses son distintos).
En España, en el marasmo de la desafección democrática, estamos
gobernados por burócratas, gentes que pertenecen a los niveles más altos de la
administración pública en funciones jurídico - administrativas. Siguiendo a
Weber, la administración es un instrumento de control y reproducción social y
político. La ventanilla y “el vuelva usted mañana” de Larra, Mariano Rajoy lo
ha cambiado por la pantalla de plasma y por esa falsa neutralidad del
funcionario que afirma que: “él no tiene culpa de que la ley sea así, pero la
ley está para cumplirla”.
La despolitización de la democracia por el gobierno
burocrático está unida a la lógica del Estado del Bienestar keynesiano, y ha
sido heredado con maestría por el capitalismo popular de los seguidores de
Thatcher.
PSOE y PP tradicionalmente
se sienten cómodos en este eje izquierda – derecha y en la pugna por el centro de
la vieja política. Incluso los sectores de la estructura funcionarial de IU se ubican
bien en ese eje, pues el Partido, el PCE, puede permitirse su supervivencia a
pesar de su marginalidad (No hace mucho Concha Caballero escribía en su columna
dominical de El País Andalucía, en la que señalaba la importancia para el PCE
de las Diputaciones.)
El sueño de ser la tercera pata en coalición
con el PSOE, como en Andalucía, no se pierde nunca. (El caso extremeño es
distinto, eso era una cuestión de expulsar al binomio comunidad autónoma =
partido, que los andaluces también sufrimos.)
CAMBIAR
DE EJE
¿Y
el centro dónde está cuando se habla de los de abajo y de los de arriba? El
centro, por simple extensión de un grupo y otro, se desplaza hacia el interior
del sector de los de abajo, pues no puede estar en los márgenes entre ambos
grupos, porque entonces seguro que estaría escorado hacia los de arriba. Véase
gráfico:
Esto cambia la perspectiva rotundamente. La neutralidad del centro, el supuesto apoliticismo,
(o mejor la carencia de subjetividad ideológica), ya implica que el nuevo centro,
supone la apuesta por los intereses de un sector, porque el equilibrio así lo
impone.
Este cambio de centro, conlleva la aparición del conflicto
como una realidad consustancial a lo social, porque los de arriba no encuentran
el equilibrio en este nuevo centro. Sus intereses no se localizan de forma
natural con el centro.
Para reequilibrar hacen que sus valores (sus marcos de
pensamiento) se conviertan en los marcos de referencia colectiva: “Dejémonos de
política (conflicto), y hagamos las cosas como se deben de hacer”.
¿Y cómo se deben hacer? “Que den resultado”. Resultados:
-
“¿Quién crea trabajo?”
“Los emprendedores”
-
“¿Quién sabe crear riqueza?”
“Quienes son ricos”
-
“¿Cómo hay que hacer las cosas?”
“Cómo dios manda”
Podría seguir hasta el infinito, pero esos son
los argumentos constitutivos de nuestros
marcos conscientes e inconscientes (en mi caso freudianos también, no como
Lakoff), los argumentos dominantes.
Por ello, “afirmar un nuevo centro” lejos de plantearse como
una conquista de lo antiguo, significa el asalto de la moral colectiva, en el
sentido de subvertir los valores homoestáticos (equilibrio y quietud, tan
queridos en psicobiología) dominantes por otros que muestran el orden como un
orden injusto, abocado al conflicto.
Un conflicto olvidado desde 1945. El conflicto viejo es
virtual: el conflicto de “y tú más” que suelen mostrarnos a diario PSOE y PP, “esto
no se hace por culpa de la Junta (PSOE – IU), dice el PP, “esto no se hace por
culpa del Gobierno de Madrid” dicen PSOE, IU y los nacionalistas.
Introducir el concepto “Casta” o “vieja política” es una envolvente
que sitúa la responsabilidad en lo político y en lo social, en los de “arriba”.
El conflicto de intereses se sale del eje izquierda - derecha institucional de
lo viejo, para, por desborde de sentido, repolitizarse sobre un una nueva
oposición.
Así, cualquier asimilación metonímica, de “centralidad” a “centro” es
errada. No es una «sinécdoque», porque “la centralidad” y “el centro” no
guardan una relación del todo con la parte en este caso.
Está errada porque en la retórica de PODEMOS nunca se ha utilizado
la palabra “Centro”, sino “Centralidad”, no es un giro de PODEMOS hacia el viejo
centro, pues hablamos de distintos centros. Ayer en Al Rojo Vivo a la pregunta:
“¿dónde está el centro de PODEMOS?”, respondió
Iñigo Errejón: “Abajo, con los de Abajo”.
Para PODEMOS el centro está abajo.
POSDATA:
¿ESTA APROXIMACIÓN A NUEVO CONCETO DE CENTRO IMPLICA MI ASUNCIÓN DE VALORES
KEYNESIANOS O A FAVOR DE LA TENDENCIA A FAVOR DE LA MODERACIÓN DENTRO DE
PODEMOS?
No, en ningún caso, en Vista Alegre había muchos puños, a
parte de la mano abierta de Monedero, que se lo tengo que comentar, porque en
Andalucía es un anagrama de derechas.
Esta es una lectura que hace una persona que milita el
marxismo socialista de la Iª Internacional.
No puedo negar que soy un clásico, en el sentido de Marx, la
Escuela de Frankfurt, y me atrevería a decir, de Luckas, a “los marcos” le
hemos llamado toda la vida «ideología» (si se me apura “en ideología en sentido
duro” para utilizar un término de Althusser); aunque entiendo que la psicología
cognitiva ha hecho evolucionar el concepto con aportaciones muy interesantes.
