“Mi
tesoro”
“Una imagen vale más que mil
palabras” dice el refrán. Y a pesar de que pensemos que este adagio forma parte
del saber popular, no creo que lleguemos a aprender de él. No se trata de un
saber elevado, pertenece al “rancio” acervo del Sancho más pragmático y más
“vulgar”. Pero a pesar de ser por todas y todos conocido, no deja de dominar
nuestra acción individual frente a lo colectivo.
Me comentaba Juanma Delatorre: “El
daño que está haciendo este individualismo” y no le falta razón, el «yo a –
crítico», el «yo – posesivo», ha evolucionado en el tacherismo desde la mano
invisible de A. Smith, bañada en ética protestante, al «egocentrismo histérico».
Mientras en la ínclita Harvard se
sientan en paridad todas y todos los miembros de un departamento para bañarse
en las tormentas de ideas, aquí “no lo guisamos”, lo mostramos en Master Chef,
“no lo guardamos” hasta que se pudra.
De abajo arriba. Los llamados
mercados no comprenden que su supervivencia necesita la existencia de un
“espacio vital”, es decir, una sociedad de consumo de masas. Su chiringuito
virtual es una eterna burbuja que, como todo lo eterno, tendrá fecha de
caducidad, pues los recursos son limitados y la creación de riqueza virtual
tendrá su frontera. En ningún caso se basa en un bien tangible, mesurable por
la física, su arcano se funda en algo tan simple como en la piedra filosofal
del liberalismo: «La confianza». ¿Y si alguien con prurito un día desconfía,
qué pasará?
M. Rajoy fundó su mayoría absoluta
antes de las elecciones en la confianza en la «democracia demoscópica», ello le
llevó a no pactar con A. Gabilondo, por ejemplo, la ley de educación. Ahora la
democracia demoscópica le es adversa, ¿en qué puede confiar? En su mayoría
absoluta y en su saber marinero que mira al océano: “Cuando estás en mitad del
temporal, arría velamen y mantén a flote la nave, que ya llegará la calma”. Mas,
«la realidad demoscópica ya no confía en él», el caso de financiación ilegal
del PP no se trata de un problema de campañas electorales, es una cuestión de
apropiación privada de fondos, de sobresueldos. No se han financiado, como el
PSOE del SPD o como el PCE del PCUS, para imprimir carteles, sino para llenarse
los bolsillos.
En Estados Unidos hablan de “Mandato
del pato cojo”, cuando el presidente ya no se puede volver a presentar a unas
nuevas elecciones. Ello tiene una doble lectura, el presidente no depende del
partido (en el caso estadounidense no es como en Europa, pero acépteme el
símil) y el partido tiene que buscar un nuevo líder. En Estados Unidos al
Presidente siempre le quedan los miembros de su administración, en Europa ni
eso. A Alfredo Pérez Rubalcada no le queda nada, es «un pato cojo acojonado». Es
consciente de que no se volverá a presentar, carece de la confianza de su
partido, porque saben que no volverá a ser candidato, etc. ¿Por qué no presenta
una moción de censura?, es simple: la moción de censura en España es
constructiva, necesitas proponer un programa de gobierno alternativo y el PSOE
no lo tiene. Ya no es un problema de candidato, porque A. P. Rubalcaba podría
quemarse en un fuego de artificio sin coste alguno, pues está amortizado. Dispone
de más de cien diputado, por lo tanto, puede presentar dos mociones de censura,
pero desea pasar a la historia, guarda su tesoro para no dejar al príncipe
gramsciano desnudo. Su partido carece de alternativa, sólo confía en poder
pilotar su relevo cuando el temporal llegue a su cenit en los días próximos a
las elecciones, así, piensa, no se le quemará antes de tiempo el mirlo blanco.
Quizás no le falte razón, aunque nos haga la puñeta a los antisistema.
Los periféricos de las izquierdas.
Las elecciones europeas en la democracia demoscópica dan el doble de diputadas
y diputados a IU – IC, esto puede ser un espejismo, pues bajo esas siglas se
puede estar escondiendo todo el voto de las izquierdas, lo cual puede mermar el
número de representantes, sin que otras candidaturas de las izquierdas alcancen
representación. Todas sueñan con la circunscripción única como bálsamo de
Firabrás, su tesorooo.
En las organizaciones, por más que
se esfuerce Adela Cortina en introducir una ética cooperativa, pasa lo mismo. Jóvenes
y eternos jóvenes son “insufriblemente jóvenes”. Lejos de avanzar hacia modelos
colectivos de trabajo, bajo el principio del «conflicto saludable», nos
atrincheramos en nuestra parcela y la defendemos con uñas y dientes, “me va la
vida en ello”. Por elección, coaptación o autonombramiento aparecen
responsables y liderazgos por doquier, sus “propuestas” no lo son, más al
contrario son “imperativos categóricos” necesarios. J. C. Monedero hace unos
meses mostraba su confianza en “la formación de multiliderazgos” en el seno de
las izquierdas, los cuales debían brotar de la acción colectiva a partir del
viejo aserto dialéctico “de lo particular a lo general” (al menos así lo entendí
yo). Bueno, pues no, primero la luna y después la hormiga, nada del lema
ecologista: “de lo local a lo global”. Con C. Offe yo no tengo tanta confianza
en ello, mas demos un voto al académico.
Deberíamos establecer un método de
elección diferida, se eligen a las responsables o los responsables para dentro
de un año, previamente deberán someterse a “ejercicios espirituales” de
humildad y cooperación.
Tengo fama de “mosca cojonera”, y
seguro que lo seré, cuando participaba en órganos de decisión y mi posición era
la elegida, salía cabreado porque lo podríamos haber hecho mejor. No paro de
pisar callos y la neurosis me lleva pensar que tengo los pies planos (lo cual
es verdad, y piso en estéreo) y demasiado grandes, tengo una profunda crisis de
auto - confianza. Pero, a veces, me dicen que la gente a la que piso tienen la
piel muy fina, una piel histérica que llega a ser una piel psicótica. Oyen por
doquier, en su interior: “¡¡¡¡MI TESORO!!!!”

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