Andalucía tierra de aves migratorias al poder.
(Del casticismo y de las castas andaluzas)
(Del casticismo y de las castas andaluzas)
A Usted que no es habitante de
esta tierra del sur, del norte, quizás le suene que en Andalucía habitan muchas
aves migratorias, tenemos humedales donde flamencos e innumerables variedades
de garzas o patos pasan largas temporadas o descansan en su tránsito. En nuestro
cielo durante los equinoccios suelen tronar los graznidos de bandadas de aves de importante
tamaño. Somos tierra y cielo de paso al norte, al sur y al poder. Nuestra
riqueza ornitológica es grande. Efectivamente, tenemos pájaros y pájaras de
todo de todo tipo.
¿Si tenemos tantas y tantos
pájaros, por qué no hay liderazgos sociales como el de Ada Colau en Andalucía?
Esta es la pregunta que se puede hacer Usted, persona del Norte o del Sur.
El modelo social, político y
cultural andaluz está marcado por la desigualdad y la perpetuación de un modelo
productivo agrario poco mecanizado tanto en el latifundismo como en el
minifundismo, y por la producción artesanal, que rápidamente en la edad actual
ha sido suplida por los servicios. Bajo
mi punto de vista no se trata de un capitalismo atrasado, sino de una versión
que el capitalismo necesita dentro de sus esquema global de reparto de las
actividades productivas.
Sin embargo, la idea y el
sentimiento de la “Andalucía Atrasada” creó un imaginario que explotaron los viajeros
románticos y la literatura casticista andaluza del XIX y principios del XX.
Andalucía como el paraíso perdido.
Esta imagen atravesó el
franquismo. Pero en la Transición en apariencia se invirtió, especialmente en
el discurso autonomista, “Andalucía era una tierra atrasada que debía
modernizarse gracias a la autonomía”. (Obsérvese que aquí “modernizarse” significaba
de facto incorporarse al capitalismo del Estado del bienestar, nada que ver con
las soflamas revolucionarias que acompañaban a este proyecto.)
Este sentimiento, este imaginario
colectivo, genera una cultura política que determina que lo urgente es “Modernizar
Andalucía” (“La modernización de Andalucía”, no confundir con la “Modernidad
republicana”), y para ello nadie mejor que el PSOE.
La Junta de Andalucía comienza a
ser el referente experimental de esa modernización alternativa hacia el “estado
del bienestar andaluz”. La Inteligencia,
un día comunista con naturalidad rápidamente emigra a las filas PSOE y en gran
medida integra sus primeros cuadros. La “Sociedad”, la “Intelectualidad”, la Junta
y el PSOE comienzan a confundirse. Esta ha sido nuestra historia, en distintas
etapas, quien deseaba situarse en las instituciones,
ostentar poder, si no había emigrado antes al PSOE, primero formaba parte de la
Coalición Izquierda Unida y después se reguardase debajo del paraguas del PSOE
con distintos acuerdos.
El problema comienza cuando esa
casta ya no le es útil al PSOE. El aparato del Partido comienza a soltar
lastre. La respuesta de estas aves, que habían migrado al calor del poder, es
un discurso casticista respecto a Andalucía. Son aves que nunca quisieron bajar a ras de suelo para
confundirse con ese pueblo que ensalzan, son aves que siempre gustan de
negociar su lugar político en la copa de los árboles.
Mandaran a sus especímenes menos
lustrosos a donde nos reunimos la chusma, pero las alas más poderosas de la
bandada solo saldrán a escena cuando hayan negociado su trono con la cúspide de
turno.
Les podrá parecer una fábula algo
retorcida, pero intenta responder a por qué en Andalucía no hay una Ada Colau o
un referente universitario limpio que pueda encabezar las listas ciudadanas.
Porque en Andalucía el orden político autonómico ha manchado todo, el Partido y
la Junta (y “la sociedad civil”) se confunden, y todo el que ha querido poder
ha aceptado las reglas de la casta.
La cultura política andaluza de
enchufismo, corrupción, amiguismo, soberbia y desprecio por la chusma se define
por dos elementos: la casta que se perpetua en el poder y la casta nostálgica que
sueña en clave casticista volver a los escaños y las direcciones generales.
En PODEMOS Andalucía el casticismo nostálgico ya ha encontrado su charca.