Proclama por el Tacto.
Desde que en 1848 se publicó el Manifiesto, no creo que nada pueda recibir ese nombre, por lo tanto únicamente me queda hacer una "proclama". En este caso una Proclama en favor de uno de los sentidos menos celebrados, y cada día más en desuso. Una proclama en favor de la sinestesia que se alcanza por el roce. "Proclama por el Tacto 2012".
Llegado a esta fecha es necesario, pues el público así lo reclama, hacer balance y desear ventura para mañana. El balance implicaría pensar en ti, con quien comparto confidencias a menudo o con quien no me veo desde hace no sé el tiempo o nunca me he cruzado físicamente, mas constas en mi lista de contactos. ¿Y qué te puedo decir?, no me he puesto a espulgarla. Por ello: ¡Va paa todxs! Alguna huella habrás dejado en este desecho, aunque no conste en mi archivo mental. No he singularizado, sinceramente, porque tengo floja el alma.
Un año más bajo la crisis, ¿Ha habido un tiempo sin crisis para algunxs? Sigo en residencias prestadas y sin hogar, de cama en cama y sin lecho. Pensábamos quienes sobrevivíamos que no se podía estar peor, mas, nos equivocamos, se puede caer en la simpleza del 'vivir' sin el prefijo “sobre -”,incluso se "infra -vive". En el camino hay quien se manifiesta inmóvil como estatua de sal mirando hacia atrás, idealizando lo que nunca existió, en psicoanálisis concebimos la melancolía como una patología. Sin sal no hay más que reproducción vegetativa. Y no es porque tenga falta de ganas por lo que no te haya llamado o porque no haya ido a visitarte, es simplemente que sin sal no hay posibilidades y las distancias, no el olvido, se hacen insalvables. Si caíste en el inconsciente frustrado, entonces las cuentas al analista. Ahora tengo el alma floja. Seguro que hemos pasado otro año sin dirigirnos la palabra, sin encontrar tiempo para un café, una ruta, una escalada o un vínico. Si han sido los rigores laborales, de los cuales somos esclavos en activo o en el destierro, quedamos disculpados. Sino ha sido así, para ello existirán mil excusas, no las necesito, ni te las voy a dar, en un balance más detallado las debería exponer, pero tengo floja el alma.
En el próximo año la crisis seguirá, pues no es una crisis es una fase, habrá grilletes para nombrarnos, los habrá para cegarnos y no permitir que el tacto sea quien nos reconozca. Aunque, quizás, el esfuerzo y la salud mental necesaria nos salven, y las pupilas, los oídos, el paladar, las pituitarias o la piel nos rocen. Si eso no se cumple, disculpa, pero tengo el alma floja.
Te quise o te quiero, sabes que eso no es amor en mi vocabulario, (sigo tan lejos del joven Wittgenstein y tan cerca del viejo), si me quieres o te quiero, ya hablaremos con un vínico, paciencia y tacto, pues sin tacto, sin un abrazo, sin un apretón de manos, sin un inocente beso o sin un ósculo pícaro, sin un cruce de miradas, la arena se escapa entre los dedos e incrementa la duna del pasado y el olvido. Y no estoy para perderme en los desiertos ya que tengo floja el alma.
Y si te respete o te desprecié, espero que lo pases de largo, borra esta convención social y a existir, el color de las experiencias entre el ser y la nada lo debes marcar tú o yo, las condiciones desean expulsarnos al orden de los vegetales, y es hora de tomar partido. ¿Qué más puede decir el hijo de un sastre que relee al Castor constantemente? Cada cual por su lado y junto a quien lo desee, si yo no lo hago contigo, si no nos rozamos, si no gozamos del tacto, no lo habrás elegido o yo no he sabido ponderar tus méritos para ello. Perdóname, pero tengo el alma floja.
Y dispensa que no te singularice, que no delimite con tópicos ni requiebros tu figura, tu inteligencia o tus capacidades, pues no me siento con fuerzas para ello, ya que tengo floja el alma.
Tan floja tengo el alma que mi postal este año es doble y en catalán, ¡Toma castaña! ¡Independencia de la burguesía! Siempre he creído que no existe nada tan transgresor e intemporal como “pensar la fantasía”, bañarme en el río heraclitiano, bucear con las gafas de la reflexión hegeliana sobre la belleza para alzarnos en el bien socrático de la libertad del materialismo dialéctico. ¡Mira!, no aprendo, la cabra tira el monte y eso que tengo el alma floja.
Acaba la proclama con música, tacto para tus neuronas. Aquella época que narran dios y esta otra pletórica voz, la cual no cabría en un concurso televisivo, no la añoro, fue mi infancia tan negra..., más bien dibuja a este tiempo, donde hemos perdido el tacto mutuo y nos ha dejado el alma floja. Sabes donde encontrarme, si sigo aquí. Un besico.



