PRESENTACIÓN.

Contexto personal:
"[...] leve y pasajera y articulada y lógica, como ya he dicho, una de esas perturbaciones que no nos impiden seguir trabajando, ni condicionarnos de manera sensata, ni ser formales, ni tratar con las demás personas como si nos sucediera nada; una de esas perturbaciones que seguramente pasan inadvertidas para todo el mundo menos para el que la siente, una de esas que todos tenemos de vez en cuando. [...]" (Javier Marías, 1989).
Contexto de creación:
Cualquiera que visite esta ciudad, Granada, con un aborigen sabrá que si de algo estamos orgullosos los granainos es de nuestros miradores.
Yo no soy asiduo de los celebres miradores albaycineros de San Miguel o San Nicolás, ni me ubico en la Torre de la Vela. Prefiero un lugar de sombras humildes, un conjunto de torres de la muralla de la Alhambra, que hasta hace pocas décadas fue prisión militar. Desde aquí soy visto y veo.
Las "vistas" son la asunción de la posición en el espacio y el tiempo que metafóricamente me permite asumir un punto de referencia relativo, en el cual me siento cómodo, el de la 'teo -ría'.
Este blog responde a dos necesidades: Razonar en voz alta y en público sobre algunas cuestiones cívicas, las cuales someto a crítica para ser yo criticado. Un cuaderno abierto a lo cotidiano y a lo contingente.
Y por otra, liberar a "El que escribe" de mi servidumbre.
Todo lo que aquí se escriba es temporal, no pretende sentar cátedra, pues no estoy investido como tal, ni impartir doctrina, pues no soy ni maestro ni sacerdote. Es un espaciotiempo de provocación.
Todo pretende regirse por una frase del Gran Barbudo: "Bienvenidos todos juicios fundados en la crítica científica" (K. Marx). Gracias.

sábado, 20 de octubre de 2012


Nunca Máis.
(A vueltas con el sujeto(s) político(s))
(Memoria de los peces).

Un ‘tópico’, ‘un lugar común’ [1. m. Principio general de que se saca la prueba para el argumento en el discurso. /2. m. Expresión trivial, o ya muy empleada en caso análogo. (DRAE)]  tienen dos significaciones en el Diccionario de la RAE, detrás de ellos se encuentran dos falacias tradicionales en la lógica filosófica:  la falacia ad Homminen y la falacia ad Populum. Me suelo encontrar ante estas dos formas retóricas en tantas ocasiones que he decidido no continuar mis debates con las personas que hacen uso de ellas.
¿Por qué no dejamos a los muertos en paz? Puedo cerrar el estos párrafos con apelaciones a lo sacro: Rosa Luxemburgo y Antonio Gramsci, dos personajes tan vacuos en estos días que lo llenan todo. Llenan de vacio lo vacio, es decir, dejan silencian el espacio para el debate sobre nuevas categorías analítica [dialécticas]. “Todo el mundo sabe lo qué dijo Gramsci y Rosa Luxemburgo, pues eso debemos hacer.” “Vamos a dejar de tirarnos los tras a la cabeza que empiezo a hablar yo y yo digo la última palabra”. Sinceramente yo no sé ni italiano ni alemán, ergo no he hojeado todo Gramsci ni toda Luxemburgo. ¿Por qué no dejamos a los muertos en paz? Si lo hacemos quizás podríamos abrir el espacio a la hermenéutica no falaz de lxs clásicxs y dejaríamos que la imaginación sepa construir nuevos modelos, esquemas o heurísticos para comprender los estímulos que nos llegan a las seudociencias sociales y a los espacios de reflexión práctica de la política.
Las efemérides tienen la virtualidad de presentar ante los peces viejos escenarios que ya no recordamos o que hemos negado, porque no hemos sido capaces de digerir intelectualmente, por la simple razón de que no encajan en el puzle que tenemos diseñado y recreamos constantemente.
Podemos hablar de 15 – m, de indignación, etc. ¿Alguien puede identificar a alguno de sus líderes? Sí. ¿Alguien fuera de Galicia puede citar algún líder del Nunca Máis? Un tópico gallego respondería con otra pregunta: ¿Es necesario?
El movimiento Nunca Máis se hizo célebre porque la población gallega pedía responsabilidades, sí, exigía la verdad, la asunción de responsabilidades, etc., sí. De todo aquello la ciudadanía asturiana en particular y la española en general dieron buena cuenta: Álvarez Cascos presidió el Principado y M. Rajoy preside el Ejecutivo.
El movimiento Nunca Máis se hizo célebre… por una marea de personas que desde todo los lugares imaginables acudieron a limpiar chapapote. ¿Quién los movilizó? Un desastre ecológico y una desastrosa gestión público - privada de un accidente, bastante evitable.
Las gentes se movilizaron para solucionar un problema por sí mismos, un problema que no habían sido capaces de evitar y de solucionar sus representantes o sus pro- hombres de los negocios. Efectivamente necesitaron organización, pero de aquellas organizaciones no gallegas se separaron pronto, volvieron a lo domestico, al voto cada cuatro años. El 15 - m en sus inicios movilizaba sin organización suficiente a esas fuerzas.
¿Por qué las izquierdas no aprendieron nada del Nunca Máis?, ¿Por qué las seudociencias sociales no han dotado a las izquierdas de soporte teórico analítico para leer ese fenómeno?
Un(a) ácrata me respondería con facilidad: “las organizaciones políticas y las seudociencias están destinas a sostener a élites burocráticas al servicio del poder instaurado y no desean que nada cambie. Ello les sirve en un doble sentido: no irritan al sistema y éste les permite mantenerse en el seudopoder.” ¿Le puedo quitar la razón?
Buscamos o esperamos a Godot bajo el prisma de la importancia de llamarse Ernesto. El 15 – m necesita un sujeto político. ¿Cuál? Las respuestas son simples: un “Ilusionista colectivo”, “una asamblea constituyente”, “un intelectual orgánico”, “un Frente…”. El primer partido de masas fue creado bajo la dirección de F. Lassalle, (yerno del Gran Barbudo), aquella maquinaria fue repensada por V. I. Lenin. ¿Y hoy? Sin apelar, a ambos, volvemos a construir según sus planos esos que ya no sirven para canalizar la frustración, ni la voluntad, ni aglutinan.
¿Fueron masas quienes se llenaron las manos de chapapote y durmieron cientos de kilómetros en autocares fletados para ello?, ¿Son masas quienes acuden al 15 – m, al 25 – s, al …? ¿Entonces por qué continuamos creando lo que ha fracasado? Quizás por ignorancia. Quizás por incapacidad. ¿Quizás por miedo?, ¿Quizás por voluntad de dominio?, ¿Por reproducir nuestra vocación de dominio?
“Nunca Máis” es necesario borrarlo de nuestras mentes, porque se gestó sin líderes, sin mayorías, sin textos, sin dominio… Y eso no nos sirve a quienes tenemos vocación de servicio público.
“Nunca Máis” o “Stop Desahucios” son realidades inefables para lxs seudocientificxs y para lxs politicxs o para lxs líderes sociales o culturales. Quizás sea el tiempo de escuchar a aquellas y a estas voces, de mirar aquellas manos, de pensar en aquellas multitudes y dejar de crear cabezas redundantes de lo sabido, “cabezas mantecosas” que como las ruedas de Fourier avanzan en forma de muelles, para dejarse llevar hacia lo que nueva fase de esta pre – historia nos depara.
Y a los seudo – ilusionistas únicamente les puedo ofrecer mis dudas, mi amor por lo asambleario y una falacia ad hominen: Federico Engels (1884): “[…] El sufragio universal es, de esta suerte, el índice de la madurez de la clase obrera. No puede llegar ni llegará nunca a más en el estado actual, pero es bastante. El día en el que el termómetro para los trabajadores marque el punto de ebullición, ellos sabrán, lo mismo que los capitalistas, qué deben hacer.” (Barbarie y Civilización, en El origen de la Familia,…). No aspiro a utopista, mas cuando sé que los termómetros de mercurio se retiran del mercado y ahora nos calibran los digitales no entiendo porque más de lo mismo con los mismos al frente. ¿Éste es tiempo de masas? ¿Y don Antonio (permitirme don Francisco Fernández Buey y don Manuel Sacristán hacer esta pregunta) pensaría lo mismo?  Me quedo en hermeneuta, dejo la respuesta a lxs exegetas.       

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