PRESENTACIÓN.

Contexto personal:
"[...] leve y pasajera y articulada y lógica, como ya he dicho, una de esas perturbaciones que no nos impiden seguir trabajando, ni condicionarnos de manera sensata, ni ser formales, ni tratar con las demás personas como si nos sucediera nada; una de esas perturbaciones que seguramente pasan inadvertidas para todo el mundo menos para el que la siente, una de esas que todos tenemos de vez en cuando. [...]" (Javier Marías, 1989).
Contexto de creación:
Cualquiera que visite esta ciudad, Granada, con un aborigen sabrá que si de algo estamos orgullosos los granainos es de nuestros miradores.
Yo no soy asiduo de los celebres miradores albaycineros de San Miguel o San Nicolás, ni me ubico en la Torre de la Vela. Prefiero un lugar de sombras humildes, un conjunto de torres de la muralla de la Alhambra, que hasta hace pocas décadas fue prisión militar. Desde aquí soy visto y veo.
Las "vistas" son la asunción de la posición en el espacio y el tiempo que metafóricamente me permite asumir un punto de referencia relativo, en el cual me siento cómodo, el de la 'teo -ría'.
Este blog responde a dos necesidades: Razonar en voz alta y en público sobre algunas cuestiones cívicas, las cuales someto a crítica para ser yo criticado. Un cuaderno abierto a lo cotidiano y a lo contingente.
Y por otra, liberar a "El que escribe" de mi servidumbre.
Todo lo que aquí se escriba es temporal, no pretende sentar cátedra, pues no estoy investido como tal, ni impartir doctrina, pues no soy ni maestro ni sacerdote. Es un espaciotiempo de provocación.
Todo pretende regirse por una frase del Gran Barbudo: "Bienvenidos todos juicios fundados en la crítica científica" (K. Marx). Gracias.

miércoles, 17 de octubre de 2012


Las razones para un federalismo radical, autogestionario.
De vez en cuando la vida te ofrece un buen aperitivo en tinta negra para acompañar el desayuno en la cafetería de la esquina. Hoy me ha brindado uno de esos apetitosos manjares. El texto de Ramón Máiz “Las razones del federalismo”, en la Cuarta de El País cumple las condiciones en los ingredientes, en la presentación y en la capacidad de sugerir sabores y aromas, de imaginar. De ser algo más que un sommelier aficionado, alguien que define un caldo, un vino, con colores, sabores o aromas de frutos que nunca ha degustado, por lo cual jamás podrá recordarlos, a eso me saben muchxs tertulianxs de oficio, que, incluso, creo que son una clase pues tienen conciencia de tal.
En primer lugar el texto de Máiz es para enmarcar y entregar a todos lxs estudiantes y muchxs profesorxs de ciencias sociales para que entiendan ¿qué es federalismo? [lo digo por experiencia en mis propias neuronas.]  
Comienzo por el título, la propuesta de Máiz parte de un elemento fundamental: «la razón», la fuente básica de la Modernidad, una razón en plural: «razones», lo cual puede parecer como una serie de propuestas, mas no, sitúa el texto el campo de lo ciudadano, frente a las identidades, nos ubica en el marco de la interacción cívica o democrática, que supera los márgenes burgueses. Frente al nacionalismo, “al Estado – Nación”, se localiza a la ciudadana y al ciudadano.
El estado de las autonomías fue planteado como una respuesta al problema de los nacionalismos tradicionales catalán y vasco, de corte burgués o pequeño – burgués contrarios al desarrollo del obreismo, y al gallego y al andaluz que mostraban peculiaridades propias.
Era, también, una ruptura con un modelo centralista fundado en tres  pilares: “familia, municipio y sindicato”. Las familias son un centro económico social fundamental de nuevo en estos tiempos de crisis, pero no parece un sujeto político idóneo. Los sindicatos tienen su lugar constitucional dentro de un modelo pluralista planificador. Y queda el municipio el gran perdedor.
Frente al estado franquista muchos soñaban con un estado descrentralizado de autonomía como fórmula para alcanzar vías hacia «la autogestión». [De acuerdo que bajo este paraguas se situaron carlistas, falangistas y ahora sectas que se denominan socialistas, pero la «autogestión» es algo menos manipulable]. La «autogestión» ha evolucionado por muchos vericuetos, desde el socialismo radical que la concebimos como una fórmula no comunitarista de articulación económica, política, social y cultural, hasta posiciones neo – comunitaristas que enlazan con el pensamiento ecologista y populista.
Pero vuelvo a Máiz antes de desarrollar la propuesta (la puesta en cuestión) de «la autogestión». El fracaso del Estado autonómico se manifiesta en dos aspectos básicos: la duplicación de funciones y los nuevos centralismos en competencia y la aparición de innovadores espacios en los que se puede camuflar la corrupción, dentro de un modelo pluralista del poder – sociedad. Creo que estos dos aspectos no requieren mucha descripción.
La descentralización ha generado nuevas instancias para la competencia partidista, en el peor de los sentidos. Ha eliminado las corrientes ideológicas dentro de los partidos, sustituyéndolas por «las baronías». El poder autonómico y central están sirviendo para crear redes clientelares de fieles, que como Villamil, quienes viven bajo el signo del cesante. Y están afianzando la desaparición del poder Legislativo, pues el debate parlamentario se traslada a las pugnas competenciales y al orden judicial. Las comunidades autónomas contra el poder del Ejecutivo central o a su servicio.
¿Y el municipalismo? Esta descentralización se posterga sine die. Los ayuntamientos se sienten cómodos en las porfías de baronías y contrapoderes. Del mismo modo, cierran el paso al desarrollo ciudadano, en forma vecinal, generando sus propio clientelismo en las juntas de Distrito o en asociaciones de vecinxs bajo sus pretorianxs.     
«Autogestión» en el contexto de la razón moderna descentralizadora cambiaría el modelo iniciándolo en la ciudadana o el ciudadano como actores en lo más básico, «desde lo particular a lo general». Esto pone en cuestión la primera estancia de representación institucional: el municipio. Necesitamos municipios que permitan la participación activa de la ciudadanía, que sean financiados decentemente y asuman en plenitud las competencias que ejercen para el bien de sus vecinas y vecinos. Muchos ayuntamientos hacen lo que sus comunidades autónomas no realizan, siendo sus responsabilidades estatutarias.
El municipalismo no puede crecer en democracia fomentando la elección cesarista de alcaldes, bastantes barones tenemos ya. Solamente fomentando el movimiento vecinal se generaría una cultura cívica opuesta a la predicada por Almond y Verba.
Profundizar en el federalismo defendido por Ramón Máiz debería gestarse desde su propuesta de ciudadanía y ésta tiene su nicho ecológico natural en los municipios. A partir de él, “En su propia etimología, el federalismo remite a la construcción política de la confianza (fides) mediante pacto entre iguales (foedus).” Para desde el conflicto como norma, bajo un conjunto de principios comunes como la Declaración Universal de Derechos Humanos, desarrollar el “federalismo (, quien) postula, como eje central de su modelo, la igualdad y la solidaridad interterritorial”.

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