Filosofía de la Praxis, Miseria de la praxis
de la filosofía.
La enésima escisión de una escisión convoca.
La velocidad de la acción nos marea…
El delirio de la reflexión parece
paralizante, o realmente paraliza.
Podría
seguir dando palos de ciego o a ciegas. De un tiempo hasta esta parte me sumo a
casi todo, porque no creo que la depauperación consiga movilizar a la sociedad,
sino la creencia de que somos capaces de quebrar lo establecido. De que como
bien decía ayer Juan Torres en Granada: “lo establecido lo impone gente con
pasaporte, no abstracciones mitológicas”.
El
25 A ha sido un éxito de «la maquinaria del miedo» que dirige el orden público
en Madrid y en España, no por el número de agentes de policía concentrados,
mayor que el de manifestantes, sino por la campaña sistemática de generación de
miedo ante los incidentes que se iban a producir. ¿Quién de ustedes, que desean
que sus retoños se eduquen en una cultura democrática activa, es tan irresponsable
de llevarlos a una concentración que se define por uno de los sectores
concurrentes, el gobierno, como “una guerra abierta”?
Quizás
quienes hacen política desde las instituciones pequeñas o quienes se mueven
desde los movimientos sociales sean conscientes como nadie de la situación
límite, y ello requiere acción ya. Quizás quienes trabajamos encadenados a
papel seamos conscientes de que ésta es una situación límite y divaguemos
siendo demasiado prudentes para que no se pierdan energías emancipatorias. Pero
sea cómo sea, ambos somos y nos reclamamos de una tradición que se denomina: «filosofía de la praxis». Gramsci no
utilizaba monóculo, requería dos cristales en sus gafas.
Se
debe buscar la complementariedad: “de cada cual según sus capacidades y a cada
cual según sus necesidades”. No, no nos podemos parar, pero sí se debe saber
que tod@s los portavoces no se pueden enfrentar en un plató de televisión a los
sabedores del todo, ni todo el papel impreso es sagrado ni toda acción es
creadora de conciencia. “El camino es largo y es lento”, decía Patrícia
Rodríguez en Peligros (Granada) el pasado fin de semana desde su experiencia en
los movimientos sociales.
Pues
eso, somos pobres y nuestras energías son especialmente frágiles, somos puretas
y con un cenáculo nos creemos l@s tribun@s a los que un sueño le ha sido
revelado el camino a la tierra prometida, vivimos en un magma de liderazgos,
pero eso no justifica que pongamos la carne de los demás en la parrilla cuando
nos venga en gana, porque los espacios se queman y la conciencia merma.
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