¿Escrache? Un debate imbécil.
¿A quién le gusta hacer el escrache?, ¿A quién le gusta
vestirse de forma ridícula o recibir en su domicilio al cobrador del frac?...
¿No ven las similitudes?
Dicho esto, ¿El escrache es algo que acaba de aparecer en
nuestra cultura política? Quizás para las diputadas y senadoras, para los
diputados y senadores, sí. Quien atribuye el escrache a la izquierda radical es
una alma angelical que desea pasar por ingenua o ignora fenómenos políticos muy
comunes. CO –MU- NES.
En primer lugar, si se hojea la reforma a la Ley de los
Ayuntamientos propuesta por el ministro Montoro y su mano derecha en el ramo,
señor Beteta, se observa el desconocimiento sobre la política a ras de tierra.
La actividad público representativa en los municipios medios y pequeños dura las
veinticuatro horas del día. Aunque no seas concejala o concejal, sino un simple
representante de una fuerza política con presencia en el consistorio, eres
alguien que está para escuchar y buscar soluciones a un sinfín de problemas
menores o gigantescos en cualquier momento. La actividad de las políticas y los
políticos municipales no tiene fronteras: tu teléfono particular, tu domicilio,
tus lugares de labor y de ocio están perfectamente ubicados en tiempo y
espacio, saben dónde encontrarte siempre, eres una o uno más de las vecinas o
los vecinos.
En segundo lugar, ¿por qué el escrache en esta
democracia?, se responde con otra retahíla de preguntas muy simples: ¿Qué día,
a qué hora , etc. están a disposición de sus electoras y sus electores las diputadas
y los diputados? Si alguien visita la sede un partido político medio – alto, lo
primero que se encuentra es una garita de vigilancia. ¿Pedir cita? Un desiderátum
inalcanzable en la praxis.
Creo que la vida pública y la privada deben tener horarios
diferentes, pero si quien representa no escucha en horario público, quizás por
ello es abordado en franjas temporales privadas.
(Remitido a la sección: "Cartas al Director" del diario Ideal).
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