DIGÁMOS LA VERDAD:
«Teoría del Estado
envuelta para regalo».
Comentario del Artículo de Ramón MARIMON, "La importancia de hacer Estado", El País, (16/o1/2013).
http://elpais.com/elpais/2013/01/10/opinion/1357847235_999114.html.
Comentario del Artículo de Ramón MARIMON, "La importancia de hacer Estado", El País, (16/o1/2013).
http://elpais.com/elpais/2013/01/10/opinion/1357847235_999114.html.
Se dice que «el marxismo carece
de teoría del estado» (Véase por ejemplo N. Bobbio), de ello fue consciente
Lenin, según los leninistas, y elaboró una teoría que puso en práctica en la
URSS, posteriormente Stalin dio un paso más, creo el «Capitalismo de Estado»,
¿Qué decir hoy de China?
Yo estoy de acuerdo con N. Bobbio,
«Marx nunca elaboró una teoría del Estado», esto es evidente si hacemos somera
lectura de los requisitos que requiere un producto de este tipo. Y si se lee
con un poco de atención el Manifiesto, K. Marx conocía los textos de los
socialistas pre – marxistas y no deseaba crear un proyecto que estuviera fuera
del espacio y del tiempo. Su inversión de Hegel así lo requería por coherencia.
Todo este preámbulo viene al
caso, porque yo no tengo una Teoría del Estado positiva, fiel a la dialéctica
negativa, no puedo salir del dilema disolvente más allá de la praxis histórica.
Si esta asunción de perspectiva débil me inhabilita como crítico desde la
democracia radical (no burguesa) de quienes parece que sí la tienen, le invito a
no seguir leyendo.
Ramón Marimón me aparenta ser un ejemplo
más de lo que hoy es señero: “el Estado democrático burgués (que sí han estudiado Marx, Engels y otros marxistas a los que sigo) en
esta fase del capitalismo se ha disuelto en su raíz, la esfera ‘política’
existe como parte de un sistema en red que se rige por la lógica del conflicto
social global en el que tiene preeminencia lo económico”.
El economista se convierte en el
teórico del Estado, director del Max Weber Programme, Primera lección: «El
rostro del poder es el rostro de los mercados». Indudablemente una lectura ‘recta’
de la colosal obra de M. Weber nos lleva a:
·
La esfera política es una esfera de gestión. Democracias
de gestión.
·
Las Democracias Avanzadas se definen por la
Alternancia. Turnismo.
·
Esta era requiere la gestión de las Políticas de
Estado, erradicando el debate, es decir, eliminemos el legislativo y dotemos de
todo el poder al binomio Ejecutivo – Judicial.
Punto por punto:
En una era de gestión la única racionalidad admisible es la racionalidad instrumental weberiana, quizás con una pátina legitimatoria aportada por la racionalidad dialógica habermasiana, pero ésta debe estar bien amordazada, para que no nos lleve a la inactividad que implica el conflicto.
En una era de gestión la única racionalidad admisible es la racionalidad instrumental weberiana, quizás con una pátina legitimatoria aportada por la racionalidad dialógica habermasiana, pero ésta debe estar bien amordazada, para que no nos lleve a la inactividad que implica el conflicto.
Estas democracias de gestión tienen dos principios básicos
que no romperán nunca el status quo definido como normativo absoluto y a él se
someten los agentes políticos con la única intención de mejorarlo, pero no
cambiarlo. Se cumple este punto rector por lo que se llama ‘Alternancia’. Quienes
estudiamos el largo siglo XIX español tenemos costumbre de establecer
comparaciones con el «Turnismo Alfonsino». Pero claro, aquel régimen o sistema se
fundaba en el caciquismo, en el amiguismo, en el pucherazo, los cesantes, etc.,
todos conceptos negativos. Y, además, fue incapaz de canalizar las energías anti
– sistema. Por lo tanto, esta comparación es espúrea, la democracia de
alternancia ha sido mejorada, la alternancia cumple todas las condiciones
anteriores y no se plantea que exista alternativa.
Las democracias legislativas están corrompiendo lo político. La corrupción necesita dos patas: un actor público que desvíe los recursos comunes de los intereses generales hacia intereses particulares, para favorecer a los fines privados que le son propios exclusiva o compartidos con otros particulares. El sujeto privado, el corruptor no es culpable, cumple con sus objetivos, maximizar su beneficio. Sólo el corrompido es el culpable. Otra de las múltiples explicaciones posibles es la lectura elitista: La clase dominante actúa y configura a sus agentes tanto en la esfera privada como en la pública. Sus agentes, sus servidores, circulan dentro de su red. ¿Cuál es la solución? Reconocer el verdadero rostro de las «democracias avanzadas» son o deben de ser democracias de gestión, lo único real, necesario, lógico es la racionalidad de la empresa privada.
Las democracias legislativas están corrompiendo lo político. La corrupción necesita dos patas: un actor público que desvíe los recursos comunes de los intereses generales hacia intereses particulares, para favorecer a los fines privados que le son propios exclusiva o compartidos con otros particulares. El sujeto privado, el corruptor no es culpable, cumple con sus objetivos, maximizar su beneficio. Sólo el corrompido es el culpable. Otra de las múltiples explicaciones posibles es la lectura elitista: La clase dominante actúa y configura a sus agentes tanto en la esfera privada como en la pública. Sus agentes, sus servidores, circulan dentro de su red. ¿Cuál es la solución? Reconocer el verdadero rostro de las «democracias avanzadas» son o deben de ser democracias de gestión, lo único real, necesario, lógico es la racionalidad de la empresa privada.
Vivimos en la
era de la «Democracia Financiera del Capitalismo Popular», quizás no sirva como
propuesta de teoría del Estado, pero sí creo que desde la dialéctica negativa es
útil evidenciar los eufemismos, pues la lengua es el soporte de la
realidad, de nuestros mapas cognitivos.
¿Qué bien
queda no utilizar términos como ‘ideología’ o ‘subconsciente colectivo’ tan
rancios, tan marxistas y tan freudianos?
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