PRESENTACIÓN.

Contexto personal:
"[...] leve y pasajera y articulada y lógica, como ya he dicho, una de esas perturbaciones que no nos impiden seguir trabajando, ni condicionarnos de manera sensata, ni ser formales, ni tratar con las demás personas como si nos sucediera nada; una de esas perturbaciones que seguramente pasan inadvertidas para todo el mundo menos para el que la siente, una de esas que todos tenemos de vez en cuando. [...]" (Javier Marías, 1989).
Contexto de creación:
Cualquiera que visite esta ciudad, Granada, con un aborigen sabrá que si de algo estamos orgullosos los granainos es de nuestros miradores.
Yo no soy asiduo de los celebres miradores albaycineros de San Miguel o San Nicolás, ni me ubico en la Torre de la Vela. Prefiero un lugar de sombras humildes, un conjunto de torres de la muralla de la Alhambra, que hasta hace pocas décadas fue prisión militar. Desde aquí soy visto y veo.
Las "vistas" son la asunción de la posición en el espacio y el tiempo que metafóricamente me permite asumir un punto de referencia relativo, en el cual me siento cómodo, el de la 'teo -ría'.
Este blog responde a dos necesidades: Razonar en voz alta y en público sobre algunas cuestiones cívicas, las cuales someto a crítica para ser yo criticado. Un cuaderno abierto a lo cotidiano y a lo contingente.
Y por otra, liberar a "El que escribe" de mi servidumbre.
Todo lo que aquí se escriba es temporal, no pretende sentar cátedra, pues no estoy investido como tal, ni impartir doctrina, pues no soy ni maestro ni sacerdote. Es un espaciotiempo de provocación.
Todo pretende regirse por una frase del Gran Barbudo: "Bienvenidos todos juicios fundados en la crítica científica" (K. Marx). Gracias.

miércoles, 16 de enero de 2013


DIGÁMOS LA VERDAD:
«Teoría del Estado envuelta para regalo».

Comentario del Artículo de Ramón MARIMON, "La importancia de hacer Estado", El País, (16/o1/2013).

http://elpais.com/elpais/2013/01/10/opinion/1357847235_999114.html.

Se dice que «el marxismo carece de teoría del estado» (Véase por ejemplo N. Bobbio), de ello fue consciente Lenin, según los leninistas, y elaboró una teoría que puso en práctica en la URSS, posteriormente Stalin dio un paso más, creo el «Capitalismo de Estado», ¿Qué decir hoy de China?
Yo estoy de acuerdo con N. Bobbio, «Marx nunca elaboró una teoría del Estado», esto es evidente si hacemos somera lectura de los requisitos que requiere un producto de este tipo. Y si se lee con un poco de atención el Manifiesto, K. Marx conocía los textos de los socialistas pre – marxistas y no deseaba crear un proyecto que estuviera fuera del espacio y del tiempo. Su inversión de Hegel así lo requería por coherencia.
Todo este preámbulo viene al caso, porque yo no tengo una Teoría del Estado positiva, fiel a la dialéctica negativa, no puedo salir del dilema disolvente más allá de la praxis histórica. Si esta asunción de perspectiva débil me inhabilita como crítico desde la democracia radical (no burguesa) de quienes parece que sí la tienen, le invito a no seguir leyendo.
Ramón Marimón me aparenta ser un ejemplo más de lo que hoy es señero: “el Estado democrático burgués (que sí  han estudiado Marx,  Engels y otros marxistas a los que sigo) en esta fase del capitalismo se ha disuelto en su raíz, la esfera ‘política’ existe como parte de un sistema en red que se rige por la lógica del conflicto social global en el que tiene preeminencia lo económico”.
El economista se convierte en el teórico del Estado, director del Max Weber Programme, Primera lección: «El rostro del poder es el rostro de los mercados». Indudablemente una lectura ‘recta’ de la colosal obra de M. Weber nos lleva a:
·  La esfera política es una esfera de gestión. Democracias de gestión.
·  Las Democracias Avanzadas se definen por la Alternancia. Turnismo.
·  Esta era requiere la gestión de las Políticas de Estado, erradicando el debate, es decir, eliminemos el legislativo y dotemos de todo el poder al binomio Ejecutivo – Judicial.
Punto por punto:
En una era de gestión la única racionalidad admisible es la racionalidad instrumental weberiana, quizás con una pátina legitimatoria aportada por la racionalidad dialógica habermasiana, pero ésta debe estar bien amordazada, para que no nos lleve a la inactividad que implica el conflicto.
Estas democracias de gestión tienen dos principios básicos que no romperán nunca el status quo definido como normativo absoluto y a él se someten los agentes políticos con la única intención de mejorarlo, pero no cambiarlo. Se cumple este punto rector por lo que se llama ‘Alternancia’. Quienes estudiamos el largo siglo XIX español tenemos costumbre de establecer comparaciones con el «Turnismo Alfonsino». Pero claro, aquel régimen o sistema se fundaba en el caciquismo, en el amiguismo, en el pucherazo, los cesantes, etc., todos conceptos negativos. Y, además, fue incapaz de canalizar las energías anti – sistema. Por lo tanto, esta comparación es espúrea, la democracia de alternancia ha sido mejorada, la alternancia cumple todas las condiciones anteriores y no se plantea que exista alternativa.
Las democracias legislativas están corrompiendo lo político. La corrupción necesita dos patas: un actor público que desvíe los recursos comunes de los intereses generales hacia intereses particulares, para favorecer a los fines privados que le son propios exclusiva o compartidos con otros particulares. El sujeto privado, el corruptor no es culpable, cumple con sus objetivos, maximizar su beneficio. Sólo el corrompido es el culpable. Otra de las múltiples explicaciones posibles es la lectura elitista: La clase dominante actúa y configura a sus agentes tanto en la esfera privada como en la pública. Sus agentes, sus servidores, circulan dentro de su red. ¿Cuál es la solución? Reconocer el verdadero rostro de las «democracias avanzadas» son o deben de ser democracias de gestión, lo único real, necesario, lógico es la racionalidad de la  empresa privada.
Vivimos en la era de la «Democracia Financiera del Capitalismo Popular», quizás no sirva como propuesta de teoría del Estado, pero sí creo que desde la dialéctica negativa es útil evidenciar los eufemismos, pues la lengua es el soporte de la realidad, de nuestros mapas cognitivos.
¿Qué bien queda no utilizar términos como ‘ideología’ o ‘subconsciente colectivo’ tan rancios, tan marxistas y tan freudianos? 

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