Democracia de
Teclado y foros abiertos al autoritarismo.
Decía Aute: “Quien pone reglas al juego, se engaña si dice
que es jugador, lo que le mueve es el miedo a que se sepa que nunca jugo”. Hoy
en los debates y asambleas alternativas rige el principio de que la no hay regla,
sólo: turnos de palabra cerrados, sin réplicas y contrarréplicas y las
limitaciones de tiempo, eso paradójicamente está acabando con el juego.
La comunicación ha cambiado, los instrumentos permiten
átomos –colectivos, nichos comunicativos, en los cuales un individuo mediante ‘lo
sacro’ de lo escrito puede emitir un juicio o una opinión que al tiempo será
reafirmada o debatida por otras u otros, sin salir del mismo espacio sagrado de
lo escrito.
De este modo, lo antiguamente denostado: ‘lo escrito’, se
está vulgarizando, democracia radical, y lo oral se ha depauperado, reduciendo
sus versiones a lo cerrado: tanto en el discurso de un orador sin derecho para
los oyentes a replica (las conferencias o ruedas de prensa sin preguntas), como
en el asamblearismo.
La oralidad está cayendo en dinámicas verticales, tan viejas
como el poder de las élites. ‘El asamblearismo’, la gran revolución por la cual
se permite expresarse a todas las voces, exponiendo en cada caso lo que deseen,
en un mismo espacio y un mismo tiempo, permite que se expongan todas cuitas sin
más límite que el tiempo. En un mismo espacio y un mismo tiempo se representa
una obra bien diseñada, «todo vale, y nada se cuestiona realmente, ergo, el
poder se reproduce con la legitimidad del seudocaos libérrimo”. Observo estos ‘procesos’
perfectamente pautados en distintos ámbitos y la realidad me defrauda
notablemente, me siento estafado.
Quien no pone reglas impone el igualitarimos del más fuerte:
“Terminamos a…, por lo tanto, tenemos N minutos
cada uno, con un solo turno cerrado”. Sin orden del día, “es mejor lo que salga
y que hablemos todas y todos, esto permite que no haya liderazgos fuertes”. ¡Falso!
Este modelo asambleario el moderador, en la mayoría de los
casos el propio líder o uno de sus seguidores, reparte los turnos, acota los
tiempos, cierra las réplicas y da la palabra al líder para que aclare en su
favor, “Hablo más porque tengo más información”
(lo que no implica mayor conocimiento, ni discernimiento, sólo poder). Así se
disuade o se elimina a quienes puedan introducir temas incómodos. Los turnos
cerrados son instrumentos para que en el potaje se cuezan los alimentos tiernos
y duros con la misma cantidad de calor, perdiéndose las propiedades de los
primeros y conservándose la de los duros.
Nos encontramos una Democracia Burguesa caída en una
Democrácia seudo – representativa, y como alternativa una Democracia seudo –
participativa, “sin aparentes reglas”, en la que la formalidad de lo informal hace
que todo el mundo se sienta satisfecho tras escucharse a sí mismo, en un foro
de sordos que no hablan la lengua de signos. Por asunción general y por
carencia de confrontación de ideas el dominante se va con la legitimidad deseada
antes de entrar en el “debate”.
Igualdad no es lo mismo que igualitarismo hegemónico.
(Pueden abstenerse de su lectura).
El Abuelo Cebolleta:
El Partido de Acción SOCialista (PASoc: PSOE (Sector
Histórico) y otros) era una organización de cuadros y notables, ello llevaba a
eternos debates, con orden del día y ponencias, abiertos, muy conflictivos y acalorados,
que terminaban en fraternas copichuelas.
Recuerdo que un amigo del PCA (PCE), un partido de masas, un
día vino a recogerme a la sede del PASoc, al escuchar el tono y el volumen del
debate se echó las manos a la cabeza: “Esto en el PCE nunca pasa, ¡Estáis
locos!”. El PCE perdura, el PASoc ha desaparecido, el PCE es sólidamente
vertical, el PASoc era líquido «excesivamente» horizontal. Las formas de este
último, asamblearismo y debates, en enmascaradas estructuras verticales,
permiten que el sólido dominio permanezca. La alternativa sólo parece ser las
acciones, que, sin embargo, son incapaces de crear un relato emancipador.
Del PASoc, la JAS (Juventud Andaluza Socialista) y la JASoc
conservo densos documentos y eternas actas, alguna afonía y faltas de sueño. … Y esta
manía de leer la letra pequeña y cuestionarme constantemente todo y
especialmente a mí mismo.
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