PRESENTACIÓN.

Contexto personal:
"[...] leve y pasajera y articulada y lógica, como ya he dicho, una de esas perturbaciones que no nos impiden seguir trabajando, ni condicionarnos de manera sensata, ni ser formales, ni tratar con las demás personas como si nos sucediera nada; una de esas perturbaciones que seguramente pasan inadvertidas para todo el mundo menos para el que la siente, una de esas que todos tenemos de vez en cuando. [...]" (Javier Marías, 1989).
Contexto de creación:
Cualquiera que visite esta ciudad, Granada, con un aborigen sabrá que si de algo estamos orgullosos los granainos es de nuestros miradores.
Yo no soy asiduo de los celebres miradores albaycineros de San Miguel o San Nicolás, ni me ubico en la Torre de la Vela. Prefiero un lugar de sombras humildes, un conjunto de torres de la muralla de la Alhambra, que hasta hace pocas décadas fue prisión militar. Desde aquí soy visto y veo.
Las "vistas" son la asunción de la posición en el espacio y el tiempo que metafóricamente me permite asumir un punto de referencia relativo, en el cual me siento cómodo, el de la 'teo -ría'.
Este blog responde a dos necesidades: Razonar en voz alta y en público sobre algunas cuestiones cívicas, las cuales someto a crítica para ser yo criticado. Un cuaderno abierto a lo cotidiano y a lo contingente.
Y por otra, liberar a "El que escribe" de mi servidumbre.
Todo lo que aquí se escriba es temporal, no pretende sentar cátedra, pues no estoy investido como tal, ni impartir doctrina, pues no soy ni maestro ni sacerdote. Es un espaciotiempo de provocación.
Todo pretende regirse por una frase del Gran Barbudo: "Bienvenidos todos juicios fundados en la crítica científica" (K. Marx). Gracias.

jueves, 7 de junio de 2012


“Cuello Blanco” y “Cuello Azul”: La lógica de la Acción Colectiva de Olson y los Sindicatos.


Comentario a partir de http://www.nytimes.com/2012/06/05/opinion/nocera-turning-our-backs-on-unions.html?smid=fb-share
Introducción.
Tengo la mala costumbre de resumir lo que leo con más palabras que las que integran el propio texto objeto del extracto. Del mismo modo, cuando me invitan a comentar algo parece que me voy por «los Cerros de Úbeda», pero esto es una consecuencia de la asunción consciente de alejarme de lo más cercano, de los datos, para tomar la asunción de una insaciable querencia por las perspectivas teóricas. Creo que es lo que, por otro lado, se espera de mí.
El texto que me proponen, un artículo en inglés, idioma que mal leo, por lo cual me puede llevar a tergiversar lo que en él se expone, espero y deseo todas las correcciones que encuentren oportunas, sea por causa de mi mal entender del idioma o de mi percepción de la realidad, me las hagan llegar, gracias.
La legitimidad individualista y “La Gran Divergencia”.
La progresiva dualización económica y/o social se constata en cada mirada de ‘un excluido’ de su clase, la clase media, en la cola de un comedor social o de una entidad dedicada a la caridad. Son gentes que nunca podrían pensarse ‘pobres’ de solemnidad. Esa mirada expresa frustración, fracaso, vergüenza,etc.
¿Pero sobre qué bases se legitima este sentimiento de vergüenza?, ¿ese dualismo? Su fundamentación está en el Capitalismo Popular thatcharista: en un mundo lleno de oportunidades para alcanzar la condición de clase media (clase media –alta), simplemente es cuestión de inteligencia y tesón (la vieja ética calvinista, ¿recuerdan?), que se simboliza en ‘la condición de propietario’ (burbuja inmobiliaria).
Esta visión de la realidad conduce a fenómenos de irresponsabilidad social y a un universo de “triunfadores” y “derrotados”  individuales.
Todos podemos ser clase acomodada: “si eres ahorrador, frugal, y no un cateto que se deje engañar por el timo del toco mocho de Ruiz Maetos o Forum Filatélico, puedes buscar a un listo de las finanzas. Dale tu dinero para que gane con él su sueldo y te de pingües rendimientos”. Analicemos a los dos “listos”. Tú, el ahorrador, sólo pones tu dinero en sus manos, sin tener que saber lo qué hacen con él. Después recogerás ese capitalico sin que tengas qué saber si esos beneficios han engrandecido la pobreza colectiva o están manchados de sangre. Tú de eso no te ocupas, no sabes, no eres responsable.
El experto en finanzas, el otro listo, es un jugador avezado, que mueve el dinero en un espacio lleno de oportunidades. Quién ha propiciado esas oportunidades, el que redacta las reglas del juego (el Estado), es el responsable de que se puedan aprovechar, aunque a ese vigilante se le ate de pies y manos para que no introduzca distorsiones. Por lo tanto, quien hace bien su trabajo, aunque consista en empobrecer lo colectivo, debe ser recompensado adecuadamente.
En resumen, en este relato prima el siguiente aserto: “Si no ganas más, es porque no eres lo suficientemente listo o trabajador, o eres un derrochador”. Las diferencias salariales /renta son producto de tus incapacidades, es decir, un problema individual y no colectivo.
¿Dónde estriba uno de los pormenores básicos de esta visión? En las sociedades capitalistas populares se han fundado en el ideal de la sacra clase - media, la cual compone la argamasa de la seguridad y la concordia social. Si desaparece o se disuelve en el aire la sacra- clase media, la sociedad se polariza, la sociedad de consumo de masas se disuelve en una sociedad de muchedumbres.
Dos ejes fundamentales de ella son: el miedo y el espectáculo. Ellos rigen grandes áreas de la percepción de la dualidad entre “ganadores” y “perdedores”, no entre “ricos” y “pobres”, sino entre “incluidos” y “excluidos”.
Símbolos de ese miedo  son los búnkeres bien fortificados y en los que se reúnen todas las condiciones básicas para sentirse seguros y disfrutar de una ideal vida sana (vigorismo). Para los triunfadores y parte de los perdedores, que se resisten a sentirse como tales, estas ‘propiedades’ no sólo cubren sus necesidades de seguridad física, sino también de identidad virtual, es decir, cumplen la aspiración ‘de ser propietarios’ (‘de ser clase medias’) y de parecerlo mediante estas metonimias de ladrillo.
¿Cómo cubren sus necesidades de notoriedad los derrotados? Ellos tienen su derecho a unos minutos de gloria. Su derrota se puede camuflar, (se pueden integrar), gracias a la prensa rosa o amarilla apareciendo en las pantallas brevemente amotinados para hacer justicia contra los monstruos psíquicos o los corruptos de turno, vociferantes, tumultuosos, son los defensores de la sociedad. Otros espacios son los que nos propician ser seguidores destacados de héroes deportivos, sexuales o musicales.
Incluso, en los espacios alternativos, en las redes sociales o You Tube, se priman las imágenes: “Una imagen vale más que mil palabras”[1].
En resumen, la polaridad salarial, de rentas o la polarización social en dos grupos está legitimada por valores individualistas ¿Cuándo es un problema? Cuando no asegura la seguridad y el conformismo, cuando estamos amenazados por robos con violencia o saqueos. Pero no hay peligro para el sistema de una revolución, para ello sería necesario un “Príncipe Moderno”, en el sentido de Gramsci, que dotase a la muchedumbre, a esas capas heterogéneas y atomizadas, de conciencia, cualidad que las transformaría en un movimiento de masas y, de ahí, en sujeto.
“Cuello Blanco” y “Cuello Azul”: La lógica de la Acción Colectiva de Olson y los Sindicatos.
 Los núcleos de quienes integran los trabajadores de cuello blanco (las clases medias y medio – altas) siempre han sentido desprecio o extrañeza por los obreros y sus organizaciones. Aún engrosando los movimiento políticos, sociales y culturales de centro – progresistas se han sentido distintos a los de mono azul. Vease el caso señero de don Manuel Azaña[2], quien reclamaba: una alianza de las clases medias y las obreras para gobernar España en los años treinta. “Alianza” implica diferencia, intereses que pueden acomodarse momentáneamente, pero que son divergentes.
Otra característica de esos núcleos de cuello blanco es su tendencia a excluirse de las acciones colectivas, “Nadar y guardar la ropa”, son consecuentes con su imaginario individualista. Como se corrobora, en el artículo de referencia, la  “Lógica de la Acción Colectiva”  de M. Olson, es su faro: “Lo que consigan los sindicatos sin mi participación en sus actividades, me beneficiará, si no consiguen nada, no saldré perjudicado.”
Recuerda el articulista que sus padres eran viejos sindicalistas y que él en ningún caso se siente representado por ellos. No he podido dejar de recordar la autobigrafía intelectual de R. Rorty, el célebre filósofo, que fue criado en el seno de una familia de activistas troskistas en EE. UU. y hoy representa la filosofía pragmatista más avanzada.
¿Pero cuál es otro de los posibles pecados de los sindicatos? Fomentan la pereza y el derroche. Desde la era keynesiana los sindicatos forman parte de las instituciones estatales. Un Estado identificado con la corrupción y el despilfarro. Los sindicatos están llenos de burócratas, que viven a costa de todos, y lo que es peor: aseguran unos saliros fijos y estables a través de la negociación colectiva, que evita la cultura del esfuerzo y el ahorro. “Voy a ganar lo mismo, me echo a dormir” ¿Recuerdan la encarnizada guerra de Sra. Thatcher y de S. Reagan en contra de los sindicatos?
“Volviendo”, ¿Es necesario un libro sobre la “Las Gran Divergencia”? Sí,es necesario que en tiempos de incertidumbre, de disolución de la argamasa social se tomen medidas contra el posible disgusto de los excluidos, quienes pueden pedir una redistribución de las rentas desproporcionada, antes de que eso suceda, será mejor calmarlos. Pero por cuestiones anti – sistémicas, de ruptura con la sociedad de consumo en masa, no hay que preocuparse, no serán de entidad los ataques que puedan provenir desde el ecologismo, el feminismo o el rojerío europeo. Así se muestra en el artículo, desde la caída del famoso Muro de Berlín y el impulso del Capitalismo Popular, este sistema económico, social, político y cultural viaja sin frenos, (como señalaba una viñeta de Peridis en El País año ha), constatable en cifras.
Perdón, por este maldito rollo.





[1] Lo siento, yo como Becquer, prefiero las imágenes que nos sugieren mil palabras.
[2] El caso de las élites del PSOE de clase media en ese periodo de la historia de España no es muy diferente a la propuesta de Azaña, aunque  merece capítulo aparte. 

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